«Si nos vamos a convertir en vino, tendremos que ser exprimidos. Las uvas no se pueden beber y sólo se vuelven vino cuando se trituran.»
–Oswald Chambers

Las heridas que sufrimos en la vida son dolorosas. En diciembre de 2013 mi esposa y yo sufrimos la primera gran herida en nuestra vida compartida, al descubrir que Bennett –nuestro hijo de 17 meses de edad– sufría de un cáncer particularmente agresivo. Los siguientes cuatro meses fueron un camino largo y tortuoso. Luchamos de rodillas y fuimos testigos de cómo Dios trajo a nuestro lado más personas de las que creímos que fuera posible. Y aun así nuestro hijo falleció. Como ocurre con heridas así, quedamos con muchas preguntas: ¿Qué hubiese ocurrido si lo hubiésemos descubierto antes? ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos participado de otro tratamiento experimental? ¿Cómo es que comenzó a desarrollarse el tumor?

Lo que aprendimos durante el primer año de aflicción es que las respuestas a nuestras preguntas no pueden traernos consuelo. Solo la presencia del Señor puede hacerlo.

Varios meses después de la muerte de nuestro hijo me lastimé el hombro. Al trabajar en mi recuperación me maravilló descubrir cómo mi curación física avanzaba a la par de mi pena. Del mismo modo que la terapia física nos ayuda a recuperarnos de las heridas del cuerpo, la pena es el proceso que Dios utiliza para volver a fortalecer nuestra alma. Lo que aprendimos durante el primer año de aflicción es que las respuestas a nuestras preguntas no pueden traernos consuelo. Solo la presencia del Señor puede hacerlo.

Esto es lo que David descubrió en el curso de su vida. El salmo 23:5 nos cuenta que David sintió una profunda comunión con Dios incluso estando rodeado de sus enemigos. David describe el consuelo de la presencia de Dios, diciendo: «has llenado mi copa a rebosar». Aún hoy mi familia siente la pena… pero no caminamos solos. Hay días en los que la pena parece rodearnos como un enemigo. Pero también descubrimos que en presencia del Señor el consuelo puede convivir con el caos. En tu lectura de esta semana, espero que la presencia del Señor cure tus heridas y llene tu copa hasta rebosar. [Ben Coleman. Pastor de juventudes]

                      

RECUERDA

Al leer un verso o pasaje bíblico, pregunta y responde las siguientes cuatro preguntas:

  1. ¿Qué dice este pasaje acerca de Dios?
  2. ¿Qué dice este pasaje acerca del hombre?
  3. ¿Hay en este pasaje ejemplos a seguir?
  4. ¿Existe en este pasaje algún mandamiento a obedecer o algún pecado a evitar?

A continuación del pasaje diario de la Biblia encontrarás una sección que comienza con “Yo…» Se incluye para ayudarte con la pregunta 4, para considerar tus acciones personales de obediencia basadas en lo que acabas de leer y aprender. Luego de esto, deberás orar a Dios para expresar tu compromiso.

 

Día 1 – Salmo 62:1-2 (NIV)

«Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!»

Yo…
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Día 2 – Romanos 12:12 (NIV)

«Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.»

Yo…
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Día 3 – Santiago 1:2-4 (NIV)

«Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.»

Yo…
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Día 4 – Daniel 3:8-18 (NIV)

«Pero algunos astrólogos se presentaron ante el rey y acusaron a los judíos: —¡Que viva Su Majestad por siempre! —exclamaron—. Usted ha emitido un decreto ordenando que todo el que oiga la música de trompetas, flautas, cítaras, liras, arpas, zampoñas y otros instrumentos musicales, se incline ante la estatua de oro y la adore. También ha ordenado que todo el que no se incline ante la estatua ni la adore será arrojado a un horno en llamas. Pero hay algunos judíos, a quienes Su Majestad ha puesto al frente de la provincia de Babilonia, que no acatan sus órdenes. No adoran a los dioses de Su Majestad ni a la estatua de oro que mandó erigir. Se trata de Sadrac, Mesac y Abednego. Lleno de ira, Nabucodonosor los mandó llamar. Cuando los jóvenes se presentaron ante el rey, Nabucodonosor les dijo: —Ustedes tres, ¿es verdad que no honran a mis dioses ni adoran a la estatua de oro que he mandado erigir? Ahora que escuchen la música de los instrumentos musicales, más les vale que se inclinen ante la estatua que he mandado hacer, y que la adoren. De lo contrario, serán lanzados de inmediato a un horno en llamas, ¡y no habrá dios capaz de librarlos de mis manos!
Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua.»

Yo…
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Día 5 – Mateo 11:28-30 (NIV)

«Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.»

Yo…
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