Parte 3 | Una Prueba Impensable
Génesis 22 | 29 de marzo de 2026
Pastor Joel Gonzalez
Confiar en Dios solo cuando tienes todas las respuestas no es fe.
Génesis 22:1-2 1 Tiempo después, Dios probó la fe de Abraham. —¡Abraham! — lo llamó Dios. —Sí—respondió él—, aquí estoy. 2 —Toma a tu hijo, tu único hijo— a Isaac, a quien tanto amas —y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré.
Santiago 1:13 13 Cuando sean tentados, acuérdense de no decir: «Dios me está tentando». Dios nunca es tentado a hacer el mal y jamás tienta a nadie.
Las pruebas de Dios no buscan destruir nuestra fe sino desarrollarla.
Génesis 22:3 3 A la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Ensilló su burro y llevó con él a dos de sus siervos, junto con su hijo Isaac. Después cortó leña para el fuego de la ofrenda y salió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Dios no prueba nuestra fe para descubrir quiénes somos sino para mostrarnos quién es Él.
Génesis 22:4-5 4 Al tercer día de viaje, Abraham levantó la vista y vio el lugar a la distancia. 5 «Quédense aquí con el burro—dijo Abraham a los siervos—. El muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí adoraremos y volveremos enseguida».
Todos tenemos una tendencia natural a amar más el regalo que al que lo dio.
Génesis 22:6-8 6 Entonces Abraham puso la leña para la ofrenda sobre los hombros de Isaac, mientras que él llevó el fuego y el cuchillo. Mientras caminaban juntos, 7 Isaac se dio vuelta y le dijo a Abraham: —¿Padre? —Sí, hijo mío—contestó Abraham. —Tenemos el fuego y la leña—dijo el muchacho—, ¿pero dónde está el cordero para la ofrenda quemada? 8 —Dios proveerá un cordero para la ofrenda quemada, hijo mío—contestó Abraham. Así que ambos siguieron caminando juntos.
Hebreos 11:19 19 Abraham llegó a la conclusión de que si Isaac moría, Dios tenía el poder para volverlo a la vida; y en cierto sentido, Abraham recibió de vuelta a su hijo de entre los muertos.
Muchas veces Dios no quiere quitarte cosas, pero sí quiere saber si estás dispuesto a ponerlas en el altar.
Génesis 22:9-10 9 Cuando llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar y colocó la leña encima. Luego ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. 10 Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su hijo en sacrificio.
Cada vez que Dios prueba nuestra fe, Él también provee lo necesario para sostener la fe.
Génesis 22:11-14 11 En ese momento, el ángel del Señor lo llamó desde el cielo: —¡Abraham! ¡Abraham! —Sí—respondió Abraham—, ¡aquí estoy! 12 —¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo. 13 Entonces Abraham levantó los ojos y vio un carnero que estaba enredado por los cuernos en un matorral. Así que tomó el carnero y lo sacrificó como ofrenda quemada en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a aquel lugar Yahveh-jireh (que significa «el Señor proveerá»). Hasta el día de hoy, la gente todavía usa ese nombre como proverbio: «En el monte del Señor todo lo que necesitas será provisto».
Los falsos dioses exigen sacrificios, pero el Dios verdadero se convirtió en el sacrificio.
¿Cómo respondemos a esta historia?
Confía en el carácter de Dios cuando no entiendas lo que te pide
Responde a Dios con obediencia concreta, no solo con buenas intenciones
Génesis 22:19-24 19 Tú dices tener fe porque crees que hay un solo Dios. ¡Bien hecho! Aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados. 20 ¡Qué tontería! ¿Acaso no te das cuenta de que la fe sin buenas acciones es inútil? 21 ¿No recuerdas que nuestro antepasado Abraham fue declarado justo ante Dios por sus acciones cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿Ya ves? Su fe y sus acciones actuaron en conjunto: sus acciones hicieron que su fe fuera completa. 23 Y así se cumplió lo que dicen las Escrituras: «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe». Incluso lo llamaron «amigo de Dios». 24 Como puedes ver, se nos declara justos a los ojos de Dios por lo que hacemos y no solo por la fe.