Parte 5 | Benignidad: Cuando La Gracia Nos Cambia El Tono

Tito 3 | 13 de septiembre de 2026

Pastor Juan Carlos Heredia 

La benignidad no es una cuestión de personalidad.

La dureza espiritual comienza cuando olvidamos nuestra historia.

  • Tito 3:1-3 1 Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra. 2 Que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres. 3 Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros.

La gracia nos impide mirar a nadie por encima del hombro.

La benignidad de Dios se hizo visible en Jesús.

  • Tito 3:4-7 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad. 5 Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, 6 que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.

La benignidad de Dios no minimizó nuestro pecado; lo llevó a la cruz.

Antes de pedirnos benignidad, Dios nos mostró la Suya.

La benignidad que recibimos debe convertirse en benignidad que compartimos.

  • Tito 3:8 Palabra fiel es ésta; y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza (confianza), para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres.

La benignidad inmerecida de Dios la otorgamos a quienes tampoco la merecen.